Comenzando una tarde de otoño,
se acercaba una lúgubre noche
al alcance de las manos por el sendero delicioso de la búsqueda de la soledad,
manejando recuerdos inmersos en otras realidades,
pasando desde lejos una ráfaga de penas encubiertas,
pensando solamente en la caricia de un desconocido en la que penetra la sensación perceptible del cuerpo, hasta generar un éxtasis de placer.
Imaginando sucesiones de hechos,
mostrando flexibilidad,
romance y pasión endulzada por el deleite de un cuerpo sagaz y manipulador de sensaciones.
Maldita sea la frustración del sol en la mañana,
en la espera de un encuentro causante de situaciones similares,
volviendo a esa realidad antes incubada en el pensamiento,
estas llenando espacios en una inercia plasmada, queriendo volver a seducir.
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