¿Qué habrá de ser de aquél que no se nubla ante la
adversidad? ¿Qué de aquél que magnifica todos sus logros, evaporando los
cimientos próximos, haciendo temblar la tierra a sus alrededores?
El sismo genera destrozos y quebraduras en las construcciones erosionadas por el viento, arrastrante de sus emociones.
Separa sus brazos, esperando la llegada de algo que dé por dicho su hazaña, el viento forcejea con su ráfaga golpeando su cuerpo sin producir desequilibrio en él. Se contempla en su mente, sus ojos cerrados, su sonrisa enmarca su belleza gloriosa esperando el triunfo de las rendiciones a su poder. Poder que ha proclamado como único, como espasmoso y silenciador, carente de servidumbre, sosiego de sus manjares y sanguijuela de saberes.
Cuan enardecido se ve este ser que lo ha creado todo, todo
aquello que suscita la efervescencia de su ser.
Avasallado por el reinado de sus emociones que lo incautan
sin soslayo, su piel petrificada, sin sentir y sin mirar, solo sus pies
clavados en la tierra y su espalda quebrándose, esperando el impacto que
lo haga caer en las plumas de su libertad, manipuladas y creadas por él ante
lo sublime de su existencia.
Su cuerpo empezó a envejecer, no se dio cuenta de su transformación,
de no abrir los ojos nunca lo supo, y de ir contorneando su cuerpo, el peso,
hizo que cayera antes de lo previsto.
Propio de su desamor, se estranguló con pesadillas, escenas recorrían
su mente, la imaginación incipiente era su único recurso. Que agotado se
notaba, corpulento en desazón y roto en investiduras.
¿Quién habrá sobrevivido a aquello y que posea la suficiente
condolencia para ayudarlo?
Una extrajera recién llegada a su próximo recinto, evocó su
presencia con un grito ante la espeluznante imagen, un rezago del viento y del
polvo que dejaba ver los destrozos. Su agonía hizo brotar sus lágrimas, y allí
lo vio, un sobreviviente, corrió a su lado, apenas respiraba, colocó su boca
sobre la suya y sus brazos sobre su pecho presionaban, desesperadamente.
Había llegado tarde a aquél, que solo necesitaba
un auxilio a tiempo, para poder seguir viviendo.