martes, 15 de mayo de 2012


¿Qué habrá de ser de aquél que no se nubla ante la adversidad? ¿Qué de aquél que magnifica todos sus logros, evaporando los cimientos próximos, haciendo temblar la tierra a sus alrededores?
El sismo genera destrozos y quebraduras en las construcciones erosionadas por el viento, arrastrante de sus emociones.


Separa sus brazos, esperando la llegada de algo que dé por dicho su hazaña, el viento forcejea  con su ráfaga golpeando su cuerpo sin producir desequilibrio en él. Se contempla en su mente, sus ojos cerrados, su sonrisa enmarca su belleza gloriosa esperando el triunfo de las rendiciones a su poder. Poder que ha proclamado como único, como espasmoso y silenciador, carente de servidumbre, sosiego de sus manjares y sanguijuela de saberes.
Cuan enardecido se ve este ser que lo ha creado todo, todo aquello que suscita la efervescencia de su ser.
Avasallado por el reinado de sus emociones que lo incautan sin soslayo, su piel petrificada, sin sentir y sin mirar, solo sus pies clavados en la tierra y su espalda quebrándose, esperando el impacto que lo haga caer en las plumas de su libertad, manipuladas y creadas por él ante lo sublime de su existencia.

Su cuerpo empezó a envejecer, no se dio cuenta de su transformación, de no abrir los ojos nunca lo supo, y de ir contorneando su cuerpo, el peso, hizo que cayera antes de lo previsto.
Propio de su desamor, se estranguló con pesadillas, escenas recorrían su mente, la imaginación incipiente era su único recurso. Que agotado se notaba, corpulento en desazón y roto en investiduras.
¿Quién habrá sobrevivido a aquello y que posea la suficiente condolencia para ayudarlo?

Una extrajera recién llegada a su próximo recinto, evocó su presencia con un grito ante la espeluznante imagen, un rezago del viento y del polvo que dejaba ver los destrozos. Su agonía hizo brotar sus lágrimas, y allí lo vio, un sobreviviente, corrió a su lado, apenas respiraba, colocó su boca sobre la suya y sus brazos sobre su pecho presionaban, desesperadamente.
Había llegado tarde a aquél, que solo necesitaba un auxilio a tiempo, para poder seguir viviendo.